Entrevista a Ricardo Campo Pérez, editor del libro “Vida en el Universo”

Los extraterrestres, como mito, acompañan al hombre desde la Antigüedad, pero sólo en los últimos tiempos su posible existencia ha sido objeto de análisis científico. Esta obra pretende acercar al lector una perspectiva general tanto de esa mitología ufológica como de los últimos avances de la Astrobiología. Así se describe el libro Vida en el universo, editado por la Fundación Anomalía y cuyo responsable es el investigador de la Universidad de La Laguna Ricardo Campo Pérez.

¿Cómo surge la idea de elaborar un libro de las características de Vida en el Universo?

Hace ya algunos años tuve la idea de coordinar una obra en la que quedase clara la diferencia que existe entre una ciencia multidisciplinar como la Astrobiología y una creencia (ufología comercial) cuya afirmación principal es que somos visitados por extraterrestres a bordo de naves interplanetarias. La Fundación Anomalía (http://anomalia.org) acogió mi idea y pude hacerla realidad con la colaboración final de Matías Morey y Julio Arcas, a través de una de las imprentas virtuales que hay en Internet. Creo que los interesados en ambas facetas de este tema podrán leer con provecho el libro. Como es lógico, no se trata de un obra dirigida a los consumidores habituales de papilla ufológica sino a quienes les apetece una aproximación racional a este campo, cosa que considero lógica y recomendable, frente a las ridículas acusaciones de “negacionismo”, “debunkers” y “lados oscuros”, que no muestran más que la impotencia de quien las profiere, marca de la casa. Entre otras cosas, “Vida en el universo. Del mito a la ciencia” (http://www.lulu.com/content/5268752), supone una crítica a estos planteamientos, ya sea de forma directa o por la recomendable añadidura del lector. ¿Qué es exactamente la Astrobiología?

Es un conjunto de ciencias (microbiología, bioquímica, planetología, geología, física atmosférica, etc.) cuyo objeto de estudio común es la vida entendida como posible fenómeno cósmico. Aunque dicho objeto no es una preocupación reciente, la Astrobiología, como tal, sí puede considerarse una ciencia multidisciplinar nacida a mediados de la década pasada con el NASA Astrobiology Institute (NAI). Suele definirse sucintamente como la ciencia que se ocupa de origen, desarrollo y destino de la vida en el universo. No es modesta su pretensión, precisamente. Frente a quienes se atreven a propagar absurdos conspiracionistas sobre el desinterés de la ciencia por la vida y su posible existencia en otros planetas, aquí tenemos a una de las líneas de investigación más apasionantes de la ciencia contemporánea en marcha, en la que hay miles de científicos implicados. A años luz de todo ello, el periodismo de tercera escribe libros como “Mis ovnis favoritos”, que he tenido la oportunidad de hojear recientemente, una vergonzosa colección de las clásicas fotos de ovnis: manchas negras, defectos de revelado, algún fenómeno natural o artificial y poco más hecho pasar por naves de otros planetas, aderezado con las incalificables respuestas a las preguntas que niños de 11 ó 12 años un poco despistados le dirigieron al autor. La Astrobiología no tiene relación alguna con ovnis, ni con apariciones de seres, ni con testimonios asombrosos, ni con vídeos o fotografías borrosas.

¿Cuáles son los temas que se abordan en el libro?

La primera parte se ocupa de algunos aspectos destacados del mito ufológico, como las aproximaciones psicosociales propuestas desde el mismo interior de la comunidad ufológica, que sirvió para salir del estancamiento en que había quedado la actividad clásica de persecución de testimonios convertidos en oráculos infalibles, situación de la que algunos no quisieron ni supieron salir; hoy en día sigue habiendo ejemplos de ello; el autor de este artículo es el antropólogo Ignacio Cabria. Una breve historia de la ufología española fue escrita por el periodista y autor del blog Magonia Luis Alfonso Gámez. La participación de algunos científicos en el estudio de los ovnis es obra del ingeniero de telecomunicaciones y analista ufológico Manuel Borraz. Las divertidas taxonomías que se han propuesto para clasificar a las diversas razas de extraterrestres son descritas por el ufólogo escéptico Luis R. González. La intervención de los extraterrestres en el cine corre de la mano del crítico Matías Morey. Por mi parte, soy autor de un análisis de las teorías ufológicas de la conspiración. Y el chupacabras, una manía surgida en Puerto Rico y promocionada en España por las revistas de misterios, es el tema del que se ocupa el periodista chileno Diego Zúñiga.

La segunda parte, centrada en la Astrobiología, abarca algunos de sus aspectos esenciales: la antigua especulación sobre la existencia de otros seres en el cosmos es otro tema del que también me hago cargo. La rareza o abundancia de la vida en el universo es tratada por Manuel Vázquez, astrofísico del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Los fundamentos físicos y biológicos de la búsqueda de vida en el universo tiene por autor a Julián Chela-Flores, del Abdus Salam International Centre for Theoretical Physics de Trieste (Italia). De los exoplanetas se encarga Eduardo M. Guerrero de Escalante, del IAC. De la paradoja de Fermi César Esteban, también del IAC. Y del Observatorio de Arecibo su ex director Daniel Altschuler.

Para la opinión pública, personajes como Juan José Benítez o Íker Jiménez son la imagen de la investigación ufológica en España. ¿Cree que este libro contribuirá a variar esa situación?

Lo dudo. No fue ése mi objetivo al escribir y coordinar “Vida en el universo. Del mito a la ciencia”. La imagen ufológica de los citados es, en buena medida, inamovible porque son un producto logrado y exitoso de la cultura popular de nivel más bajo; siempre contarán con un público consumidor del producto que ofrecen. Mi intención era, simplemente, contribuir a que el interesado distinga perfectamente entre lo que es una creencia y lo que es una ciencia, puesto que en el caso de la vida como fenómeno cósmico se manifiestan las dos vertientes. La creencia en visitas extraterrestres es bastante más antigua que la Astrobiología, pero una parte importante de los denominados ufólogos siempre ha pretendido legitimarse adoptando la pose popular del científico. Pero no pasan por tales ante quien conoce sus técnicas: si hay uno que cuenta y pregona el número de kilómetros que ha recorrido en sus innumerables vueltas al mundo, otro cuenta el número de catedráticos que lleva a su programa de televisión. Que estos argumentos infantiles sean efectivos demuestran hasta qué punto es necesaria la divulgación del método de trabajo de quienes no pretenden comerciar con las creencias, sino contribuir a aclarar aspectos de la realidad natural. Desgraciadamente, parte de esos argumentos, y otros un poco menos toscos, los hallamos en expertos en “anomalías” y “misterios” mediáticos, en definitiva, en gentes que, en un momento dado decidieron adular a la parroquia de creyentes con el pensamiento mágico por bandera antes que replantearse lo que no son más que pegotes ocultistas que parasitan nuestras neuronas, valga la metáfora: viajes astrales, cambio de conciencia, crecimiento personal, energías no medibles, ángeles, falsas y antiquísimas terapéuticas, apariciones de entidades de otros planos, islas fantasma, personajes del catolicismo pueblerino momificados y otros engendros del más allá y del más acá. Esta metralla se suministra, en algunos casos, semanalmente. En cambio, la mayoría de la gente no sabe nada de Darwin, por ejemplo.

¿Cree que los extraterrestres han pasado a formar parte de la imaginería colectiva con carácter permanente?

Creo que sí, pero ignoro en qué medida. Desconozco encuestas recientes en las que quede reflejado el grado en que esta creencia se ha convertido en un elemento más de ese imaginario colectivo, por decirlo de alguna forma. Precisamente ahora el conocimiento de ese dato sería más interesante y significativo que en décadas pasadas, por cuanto los extraterrestres y sus ovnis han retrocedido en el escenario social de las manifestaciones maravillosas. Su capacidad de penetración debería ser cuantificada ahora, mostrando así su éxito adaptativo en la selva de las creencias contemporáneas. Se podría decir que el reflujo de las oleadas (nunca mejor dicho) ha dejado a la vista el material humano de que estaban hechos los platillos volantes. No obstante, sigue habiendo un culto platillista clásico en Internet, engañoso en su volumen por cuanto la sociedad real no lo refleja, por ejemplo en los medios de comunicación tradicionales.

¿Cuál es el estado de la Astrobiología en España?

Puede considerarse que España se encuentra entre los países punteros en Europa en lo que respecta a la Astrobiología. Desde 1999 existe en Madrid el Centro de Astrobiología (CAB), asociado al citado NASA Astrobiology Institute (NAI). Como puede leerse en su web, el CAB y el NAI están conectados por una red de comunicaciones basada en Next Generation Internet (NGI), que incluye videoconferencia avanzada y teleoperación de laboratorios. Constituyen, en estos momentos, la primera institución científica virtual del mundo.

En cuanto a los aspectos sociales de la Astrobiología, que son parte integrante de la práctica del NASA Astrobiology Institute, en España tratamos de introducir esta perspectiva mediante portales en Internet como “Astrobiología y Filosofía” (http://www.cibernous.com/autores/astrobiologia/index.html y “Filosofía de la Astrobiología” (http://astrobiologiayfilosofia.blogia.com), del investigador de la Universidad de Deusto Roberto Aretxaga, con quien he colaborado en diversas ocasiones.

Por último ¿qué diría para recomendar la lectura del libro?

Pues que es una obra original en el panorama editorial español al abordar los dos aspectos fundamentales que la casi intemporal preocupación por la vida de una manera crítica, asequible y documentada. Ahora que, atendiendo a los ejemplos concretos, parece haber un crecimiento del pensamiento mágico y alternativo (disfrazado de revolucionario, en realidad un negocio que vampiriza la necesidad de espiritualidades individualistas) merece la pena que obras como la que he coordinado lleguen al interesado. Pero este libro es sólo un ejemplo: hace falta mucho más material crítico, más divulgación, más refutación, más ideas, más presencia en Internet, más voces bien informadas, más avisos a los incautos, más recordatorios de antiguas barbaridades, más ejercicio analítico de casos y fenómenos concretos. La buena ufología española proporciona algunos ejemplos de ello, así como la demolición de la patraña de Bélmez, a poco que aparecieron un par de voces disconformes con el teatro del para-ridículo teleplástico. Animo a continuar en esa labor y a reforzar nuestra presencia en los medios: el escepticismo tiene derecho a ser escuchado.

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